Por Daniel Fajardo
Ninguna figura mediática puede menospreciar la importancia de llevar un correcto control de la opinión pública, en primer lugar contando con una asesoría profesional en el tema, segundo medir sus actos y finalmente tener un buen plan de crisis ante cualquier situación.
Obviamente con este antecedente, Miguel “Piojo” Herrera, el ahora ex-director de la selección nacional de fútbol, paso de héroe a villano, aquel personaje que en pocos meses alcanzó su punto máximo de popularidad, tuvo en el 2015 una de las peores caídas en lo que respecta a imagen pública, al mismo nivel de lo que actualmente el Presidente Enrique Peña Nieto ha estado viviendo.
Esta caída por supuesto era predecible, se fue anunciando poco a poco con cada error que el ex-director técnico fue cometiendo pero las últimas 36 horas pudieron tener otro destino si alguien hubiera querido realmente meter las manos por Miguel Herrera ya que la sociedad actúo como masa enardecida y no como opinión pública verdadera.

Censura vs. Derecho de Réplica

La agresión física, que por supuesto no disculpo de una persona sea figura pública o no contra otra, no tiene ninguna defensa pero la manera como se calificó en todos los medios habla del desconocimiento que hay de los conceptos y además de lo fácil que es encender la ira de nuestra sociedad.
Para calificar esto como un acto de censura significaría que Miguel Herrera de alguna manera lograra que Christian Martinolli quedara suspendido o fuera de su espacio, inhabilitado para dar sus comentarios al aire o a través de medios electrónicos, la censura es eso, un bloqueo para impedir la libre difusión de ideas y como tal, el ex director técnico en ningún momento busco eso, lo que si vimos en su acto es un derecho de réplica que es encarar a alguien por haber planteado un argumento contrario a lo que pienso o bien por ser difamado, aunque es una lástima y muy reprobable que el “Piojo” eligiera los golpes en lugar de los argumentos.
No existe como tal una censura, fue un derecho de réplica muy tonto que se convirtió en una agresión y un ajuste de cuentas.

¿Censura? ¿Delincuencia?

Muchos medios señalaron en sus discursos, al igual que varias personas principalmente en redes sociales, un atentado a la libertad de expresión, y utilizaron un lenguaje muy agresivo, llamando delincuente al ex-futbolista, ¿realmente merecía que le llamaremos así?, ¿qué su acto se calificara de esa manera?
Aclaro no disculpo esta agresión y concuerdo con la justa consecuencia al anunciarse hoy su despido, pero si vamos a poner tan baratas las palabras “delincuente” y “censura” revisemos nuevamente el caso de la periodista Carmen Aristegui, eso si es un acto de censura, casos como el de funcionarios públicos sorprendidos en actos de corrupción como el más reciente caso de robo de combustible en Puebla amparado por funcionarios, ellos si son delincuentes, una riña entre particulares que se filtró en medios no puede calificarse como censura y delincuencia, insisto no justifico lo que pasó, pero si vamos a tomar las armas de la opinión pública y señalar inocentes y actos de censura, en México existen muchos casos que levantan la mano y piden a gritos la misma cobertura e indignación por parte de la sociedad. Que de alguna manera llegan a la opinión pública, porque deben de llegar, pero que son manejados de tal manera que los ciudadanos expresen su molestia e indignación pero que en poco tiempo lo olviden.

Chismes de lavadero, juego de exclusivas

Finalmente y lo más lamentable es la manera en cómo este asunto se fue manejado por los distintos medios, la falta de asesoría para el ex-DT, la cual debió haber recibido desde hace mucho tiempo, generó que todo lo que construyera durante muchos años se perdiera lentamente en 6 meses y concluyera dramáticamente en las últimas 36 Horas donde vimos como todos los encabezados del país hablaban de la nota, vimos como “calentaron” a una sociedad tan voluble como es la sociedad mexicana, utilizando palabras como censura, delincuencia, se filtra una imagen (como si hubiera sido algo secreto) y tantas cosas que en realidad eran el espejo de nosotros como sociedad. Nos gusta tirar a nuestros ídolos, nos gusta reafirmar que no podemos salir adelante, que hay que eternamente reiniciar ciclos, increíble que asuntos de mayor relevancia simplemente no figuraron pero en cambio, los hashtag que aumentaron su nivel de agresividad de #fuerapiojo a #lárgatepiojo concluyeran en la ridícula campaña de #trabajosparaelpiojo
¿Qué dice todo esto de nosotros como sociedad? No se trata de espectáculos, deportes o política, es para reflexionar la manera en cómo reaccionamos, qué temas son los que nos distraen de lo que realmente tendríamos que atender dentro de la opinión pública en nuestro país, un pleito entre particulares se nos vendió como una indignación nacional, caímos redondos, hoy seguimos hablando del “Piojo” quien antes fue un héroe y de la noche a la mañana se volvió el villano.