Por Daniel Fajardo

Hay historias que nacieron para contarse al revés, que se narran desde el final hacia el inicio, donde los malos son los buenos y donde a los héroes todo les sale mal.
Esa parece ser la atmósfera de la historia del “Chapo” Guzmán que tras su segunda fuga, evento que sin duda marcará en imagen el sexenio de Peña Nieto, se ha convertido en una especie de caudillo, de un héroe nacional.

El principio del fin, falta de coordinación en comunicación

Al momento de suceder una crisis, la primera o primeras declaraciones ante la prensa son vitales, en ellas se puede reconocer el control que el gobierno tiene sobre la situación, lamentablemente después de 48 hrs. las palabras, vergüenza, corrupción y hasta pen… quedan cortas como la resultante que la mayoría de los mexicanos concluyó tras escuchar a diversos funcionarios tratando de explicar algo que ni ellos entendían.
El teatro que construyeron, y que casi nadie les creyó, de igualarse con los mejores sistemas penitenciarios en el mundo, simplemente fue vencido por el gran cáncer que padece nuestro país, la corrupción.
Ante esto, ningún programa de imagen gubernamental se puede salvar, y ni siquiera culpo a Peña Nieto o Chong por los ridículos que hicieron durante la primer semana después de la fuga, presentando declaraciones contradictorias con la realidad, la corrupción no está solo en los altos mandos como la mayoría de las esferas altas cree, se encuentra en toda la cadena y erradicar este problema en verdad que prácticamente implica reinventar a todo el Estado; pero aun mayor es el apunte cuando esta corrupción genera un corto circuito que bloquea la comunicación.

Siguiente paso, navegar contracorriente

Que mayor evidencia se puede tener de esta crisis cuando el resultado en imagen, es que el acto realizado por un delincuente “El Chapo” es visto como un acto heroico y celebrado prácticamente por todos los mexicanos porque simplemente el Estado es el que hoy en día se ve como el enemigo.
Al difundir una versión oficial a través de los medios de comunicación, se deben consultar las tendencias en la opinión pública, la versión oficial por supuesto tendría que superar temas como ¿Qué tipo de readaptación social puede ofrecer un lugar con sobrecupo?, ¿quién puede hablar de fomento de valores cuando el tráfico de influencias sigue siendo una constante?, ¿de qué sirve encerrar a un líder cuando éste puede seguir operando su organización criminal desde su celda?
Con estos y más antecedentes, creo que cualquier persona que logre escapar, de la manera que sea, de estos penales, sin duda se convierte automáicamente en héroe porque el lugar de los héroes hoy no son nuestras autoridades, ellas siguen siendo una clara representación de la corrupción.

Impactos al por mayor

¿Qué le queda a las autoridades tras ser ultrajada su imagen con esta situación? el primer programa en imagen en el que se debe trabajar sin duda es el del sistema penitenciario de nuestro país no solo quedó al descubierto ante todo el mundo, sino además se convirtió en el hazmereir, solo basta leer la comunicación verbal de cada político que ofrece su ayuda a México para recapturar a este delincuente, solo basta leer entre líneas lo que la mayoría de las notas en realidad quiere decir; las declaraciones son cortas, breves porque el Estado Mexicano se queda sin margen para la acción, ¿por dónde buscar al “Chapo” cuando has sido superado en inteligencia?, ¿qué garantía proponer a la opinión pública si de 2 de tus mejores cárceles este delincuente ha logrado escapar con una relativa facilidad?
Tal cual cuento hoy el héroe (que antes era el malo) se va con todo el triunfo y los méritos con el aplauso del pueblo y el villano (que irónicamente debía ser el bueno) se queda derrotado.
No es un efecto natural el que esta historia se cuente al revés, serán noches muy largas de meditación, de pensar en lo que se hace mal, de sensibilizarse y entender hoy porque todo mundo se ríe del proyecto de Enrique Peña Nieto, porque en lugar de indignarnos, apoyamos a uno de los delincuentes más peligrosos en la historia de nuestro país.
Simplemente es un irónico anticuento, una más de la tragicomedia mexicana.
Colaboración especial para Periódico Central